Durante años repetimos casi como un mantra:
“La doula brinda apoyo físico y emocional.”
Con la práctica, entendemos que esta definición es limitada.
La presencia de una doula impacta directamente el sistema nervioso autónomo de la persona que está pariendo. Nuestro tono de voz, postura, ritmo y estado emocional envían señales constantes de seguridad o amenaza.
Una doula regulada facilita:
- Co-regulación a través de la respiración y la presencia
- Activación del sistema parasimpático
- Equilibrio hormonal que favorece la fisiología del parto
- Contención emocional en momentos intensos
Una doula desregulada, incluso con buenas intenciones, puede aumentar la ansiedad o desplazar el protagonismo de quien pare.
Comprender la regulación emocional no es un complemento.
Es parte esencial de una práctica ética.
La pregunta profesional madura deja de ser:
“¿Qué técnica uso ahora?”
Y pasa a ser:
“¿Qué comunica mi presencia en este momento?”
Observa cómo tu sistema nervioso entra al espacio de parto. Tu presencia es una herramienta clínica y relacional poderosa.
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