La defensa se ha convertido en una palabra poderosa, y a menudo mal utilizada, en el mundo del parto.
Con demasiada frecuencia, especialmente entre las doulas, la defensa se confunde con la confrontación: luchar contra los equipos médicos, posicionarnos como protectores contra el sistema o insertar nuestras propias agendas bajo el disfraz de “luchar por el cliente”.
Esto no es una defensa.
Y esto tiene un coste.
El parto ocurre dentro de un sistema, sí. Y los sistemas pueden ser apresurados, jerárquicos e imperfectos. Pero cuando la defensa se convierte en tensión, conflicto o resistencia performativa, la persona más afectada es el sistema nervioso de la paciente que da a luz .
Una habitación desregulada no empodera.
Desestabiliza.
La verdadera defensa se basa en la regulación, la claridad y el consentimiento , no en la oposición (o el ego).
La defensa es :
- Apoyar el consentimiento informado mediante preguntas claras y tranquilas
- Ayudando a los momentos lentos que se sienten apresurados
- Traducir la información para que el cliente pueda decidir desde la comprensión, no desde el miedo
- Mantener la seguridad emocional cuando la vulnerabilidad es alta
La defensa no es:
- Hablar por encima del cliente
- Creando dinámicas adversarias con equipos médicos
- Suponiendo que sabemos más que la persona que da a luz
- Confundir nuestra propia política de nacimiento con las necesidades del cliente en ese momento
Debemos recordar: el estrés impacta directamente la fisiología del parto . Cuando una doula introduce ansiedad, hostilidad o tensión en la sala, incluso con buenas intenciones, esa energía se siente. Puede socavar la confianza, la seguridad y la seguridad.
La defensa ética requiere madurez.
Nos pide que primero nos regulemos nosotros mismos.
La defensa más poderosa a menudo parece silenciosa:
- Una pregunta oportuna
- Una pausa fundamentada
- Un recordatorio de opciones
- Una presencia constante que indica seguridad
La defensa de un sistema no consiste en ganarle a este.
Se trata de proteger la capacidad del cliente dentro de ella.
Y esa responsabilidad comienza con nosotros.
Reflexiona sobre tu propio estilo de incidencia política. ¿Tu presencia reduce el estrés o lo agrava? La regulación no es independiente de la ética; forma parte de ella.